Introducción
Después de haber elaborado la teoría de
la Relatividad General, Einstein se propuso utilizarla para tratar de
entender cómo era el Cosmos. Sus cálculos indicaban que el Universo no
podía ser estable: debía estar expandiéndose o colapsando. Como Einstein
creía que el Universo era estable, propuso la existencia de una
fuerza opuesta a la gravedad que permitiría que el Universo fuera
estacionario. Por su parte el físico y matemático Alexander Friedmann
siguió trabajando en el camino correcto, aceptando las consecuencias de
la Relatividad General y elaboró, ya en 1922, modelos que describían al
Universo en expansión.
La vision que se tenía del cosmos hasta
principios del siglo XX nos ubicaba siendo parte de un sistema achatado
que contenía todas las estrellas. En 1924, el astrónomo Edwin Hubble
descubrió que lo que se conocía en ese entonces como nebulosas
espirales, eran otras galaxies en realidad, las cuales se encontraban a
grandisimas distancias y estaban formadas por millones de estrellas. En
los años siguientes Hubble se dedicó a medir sus distancias y sus
velocidades y llegó a la conclusion de que las galaxies se estaban
alejando unas de las otras: en otras palabras el Universo estaba en
expansión.
Fue a partir de esto que los astrónomos comenzaron a
preguntarse cómo comenzó esta expansión. La misma física que hoy nos
permite entender por qué brillan las estrellas, cuál es el origen del
hombre o por qué no hay aire en la Luna, indicaba que el Universo debio
tener un comienzo muy caliente y que parte de ese calor podría
detectarse en la banda de las microondas ( o radiación de fondo),las
cuales fueron detectadas en el 1965.
Si imaginamos que
retrocedemos en el tiempo descubriremos que las galaxias se hallaban más
próximas entre sí que ahora. Cuanto más atrás en el tiempo, más cerca
estarán unas de otras, de manera que es posible imaginar un instante en
cual todas las galaxias se encontraban comprimidas en un volumen muy
pequeño. Las ecuaciones de la teoría de la relatividad se han verificado
experimentalmente con suficiente precisión para describir el
comportamiento del universo y establecen que la compresión podría
hacerse tan grande que el universo se convertiría en un punto sin
dimensiones y en consecuencia de densidad infinita. La materia y la
energía tal como las conocemos no existirían, y las nociones de espacio y
tiempo no tendrían sentido.
La teoría del Big-Bang plantea que
el universo surgió de una explosión inicial que ocasionó la expansión de
la materia desde un estado de condensación extrema.
El
hidrógeno y el helio habrían sido los productos primarios de la Gran
Explosión, y los elementos más pesados se produjeron más tarde, dentro
de las estrellas.
A causa de su elevadísima densidad, la materia
existente en los primeros momentos del Universo se expandió con
rapidez. Al expandirse, el helio y el hidrógeno se enfriaron y se
condensaron en estrellas y en galaxias. La consecuencia de esta Gran
Explosión puede advertirse, por ejemplo, a través de la comprobación de
que las galaxias continúan alejándose unas de otras.
La radiación cósmica de fondo
En 1965, dos científicos de los Bell Laboratories que trataban de poner
en funcionamiento un potente nuevo radio receptor de microondas veían
obstaculizados sus esfuerzos. Arno Penzias y Robert Wilson pensaron que
habían encontrado la clave del problema cuando descubrieron un nido de
palomas en la enorme antena, pero la expulsión de las aves no solucionó
el problema. Continuaron investigando su origen hasta encontrarlo, un
hallazgo que les valió el Premio Nobel de Física de 1978.
Penzias
y Wilson observaron que la misteriosa radiación de microondas procedía
de más allá de su receptor, de más allá de la Tierra e incluso de más
allá de nuestra galaxia. Parecía como si todo el universo emitiese un
leve “fulgor” de radiación de microondas en cualquier dirección hacia la
cual apuntasen su antena. Su descubrimiento, actualmente denominado
radiación cósmica de fondo, parece ser el remanente diluido del intenso
calor y luz desprendidos en los momentos iniciales de la explosión
primordial.
La radiación de fondo cósmico puede compararse al
calor y la luz que desprende el rescoldo de un fuego. Esa radiación ya
no se halla en la región visible del espectro electromagnético sino en
la infrarroja. Podría decirse que el “rescoldo” de la bola de fuego
original del universo se encuentra a estas alturas muy frío y no emite
ya ni tan solo radiación
infrarroja. En su lugar se desprende radiación de microondas, de
longitud de onda mayor y menor energía, detectable solamente mediante
receptores de alta sensibilidad. Como cualquier radiación, las
microondas existen en forma de “partículas de luz”, llamadas fotones;
los fotones de la radiación de fondo cósmico corresponden a una
temperatura tremendamente baja, de tres grados por encima del cero
absoluto.
Sorprendentemente, casi veinte años antes de su
descubrimiento, el científico George Gamow había predicho la existencia
de dicha radiación de fondo cósmico como resultado de su modelo
“caliente” del universo. Utilizando el modelo de otros astrofísicos que
predijeron en 1948 que el enfriamiento gradual del universo desde su
fase incandescente inicial debería conducir, en el momento presente, a
una radiación de fondo correspondiente a una temperatura cinco grados
por encima del cero absoluto. Hoy en día, la presencia universal de ese
fondo de radiación de microondas convence a la mayoría de científicos de
que el universo no sólo tuvo un principio sino que dicho principio tuvo
lugar en forma de una gigantesca explosión o “Big Bang”.
Teoría del Big Bang
En 1948 el físico ruso nacionalizado estadounidense George Gamow
modificó la teoría de Lemaître del núcleo primordial. Gamow planteó que
el Universo se creó en una explosión gigantesca y que los diversos
elementos que hoy se observan se produjeron durante los primeros minutos
después de la Gran Explosión (Big Bang), cuando la temperatura
extremadamente alta y la densidad del Universo fusionaron partículas
subatómicas en los elementos químicos. Cálculos más
recientes
indican que el hidrógeno y el helio habrían sido los productos primarios
de la Gran Explosión, y los elementos más pesados se produjeron más
tarde, dentro de las estrellas. Sin embargo, la teoría de Gamow
proporciona una base para la comprensión de los primeros estadios
del
Universo y su posterior evolución. A causa de su elevadísima densidad,
la materia existente en los primeros momentos del Universo se expandió
con rapidez. Al expandirse, el helio y el hidrógeno se enfriaron y se
condensaron en estrellas y en galaxias. Esto explica la expansión del
Universo y la base física de la ley de Hubble.
Según se expandía
el Universo, la radiación residual de la Gran Explosión continuó
enfriándose, hasta llegar a una temperatura de unos -270 °C. Estos
vestigios de radiación de fondo de microondas fueron detectados por los
radioastrónomos en 1965, proporcionando así lo que la mayoría de los
astrónomos consideran la confirmación de la teoría de la Gran Explosión.
Al ocurrir la Gran Explosión, la materia de la bola de fuego fue
despedida en todas las direcciones, pero no simplemente en forma de
neutrones, protones y electrones, sino en verdaderas y gigantescas
nubes, las más externas a mayor velocidad, las más internas, lógicamente
a menor velocidad, frenadas por las capas exteriors, de estas nubes se
formarían las estrellas, galaxias, cúmulos y supercúmulos y nos daría
una explicación de por qué las galaxias más lejanas se observan con una
velocidad relativa de separación o alejamiento mayor. Al no existir nada
alrededor de esta gigantesca bola de fuego, las velocidades de estas
nubes solo podrían ser frenadas unas a otras por la acción de la
gravedad de las mismas, pero esta acción se iría debilitando con el
tiempo, por la mayor distancia de separación entre sí.
Donde
ocurrió la Gran Explosión, sólo quedaría un gran vacío, cada vez mayor y
su localización podría ser posible detectarlo. Por un lado las
variaciones de temperatura remanente hacia dónde esté ese gran vacío
debe ser menor. Por otro lado, determinando la dirección de los vectores
de velocidad real (no relativo) de las galaxias, donde se corten las
colas de estos vectores, se encontrará el centro de la Gran Explosión.
Adicionalmente se puede comprobar con observaciones astronómicas para
verificar si existen grandes vacíos en el lugar estimado anteriormente.
En 1977, un equipo de astrónomos de Berkely, a bordo de un U-2
descubrieron una diminuta variación en el fondo de microondas.
Descubrieron que el cielo era de tres milésimas de grado más caliente en
la dirección del extremo austral de la constelación de Leo y más fría
de modo equivalente en la dirección opuesta. Es decir, más caliente
hacia donde vamos y más fría de donde venimos. Aquí tenemos ya un gran
vector. En igual forma con las últimas mediciones hechas del corrimiento
hacia el rojo, se ha determinado que toda la vía láctea se mueve en la
dirección de Virgo y ésta a su vez en la dirección general de
Hidra-Centauro , lo que nos permitiría determinar otro gran vector.
Finalmente se han observado grandes vacíos de millones años luz de
diámetro, como el vacío del Boyero, que aparentemente no tienen
explicación posiblemente y en uno de esos grandes vacíos podría estar el
centro del Universo.
Evolución del Universo según la Teoría del Big Bang
Todos los hechos expuestos hasta ahora dan soporte a la hipótesis de
que el universo comenzó súbitamente, a partir de un estado inicial a muy
altas temperatura y densidad, y que comenzó a expandirse hace entre 10 y
20 mil millones de años. Es lo que se denomina Teoría del Big Bang.
Normalmente, se considera que la historia del universo, desde sus
principios, ha pasado por cuatro fases de duraciones muy diferentes y
progresivamente más largas.
-La era hadrónica: Se
denomina así a causa de que, durante su transcurso, las partículas
gobernadas por la interacción fuerte (protones, neutrones y otras
partículas pesadas) eran las protagonistas principales. Esta era se
subdivide en diversas partes. El tiempo de Plank, de una duración de
10-43s ,para el cual no tenemos todavía una teoría física que explique
el comportamiento. La temperatura durante este tiempo era del orden de
1309 ºC. El tiempo de Gran Unificación, durante el cual las
interacciones fuerte, débil y electromagnética no se podían distinguir.
Sólo la gravedad estaba separada de las otras fuerzas. Esta fase acaba
cuando la temperatura llega a 1300 ºC, a un tiempo del orden de 10-32s.
Al final de este período la fuerza fuerte se separa de las otras y
aparecen los quarks y otras partículas relacionadas con ellos.
Igualmente, el final de la etapa viene señalada por la bariosíntesis, es
decir, la formación de los protones y de los neutrones y la
aniquilación de sus antipartículas. El tiempo de la interacción
electrodébil, que se acaba cuando las fuerzas débil y electromagnética
se separan, a un tiempo del orden de 10-7s y a una temperatura alrededor
de 1288 ºC.
-La era leptónica: Durante esta era las
partículas protagonistas son los leptones, especialmente los electrones y
los positrones, que están en equilibrio térmico con la radiación. Esta
era se acabó cuando el universo tenía una edad de unos 10 segundos, una
temperatura de 10784 ºC y una densidad 104 veces la del agua.
-La era radiativa:
Al principio de esta era empieza la nucleosíntesis cosmológica que
llevará a las abundancias de helio, deuterio y litio que actualmente
encontrarnos en el universo. Durante esta era, los leptones dejan de
estar en equilibrio con la radiación. Esto comporta que los neutrones,
que hasta entonces estaban en equilibrio con los protones, dejan de
estarlo, ya que se desintegran dando protones, electrones y
antineutrinos, mientras que el proceso inverso ya no se puede dar. Esto
explica que actualmente en el universo haya muchos más protones que
neutrones. Durante esta era, el universo estaba dominado por la
radiación. La energía contenida en la radiación era superior a la
contenida en la materia, a causa de la alta temperatura. Podemos decir
que el universo era «brillante», dominado por la luz, y la materia
estaba completamente ionizada. Esta era duró del orden de un millón de
años y se acabó cuando la temperatura había bajado hasta unos 10.000 ºC y
la densidad hasta unos 10-21g/cm3.
-La era estelar: Al
final de la era radiativa, la materia deja de estar ionizada. Es decir,
los protones y los electrones se combinan para dar átomos de hidrógeno.
El universo se vuelve neutro y oscuro. La luz deja de interaccionar con
la materia y empieza a viajar libremente por el universo. Estos fotones
son los que hoy día podemos detectar, después de haberse enfriado hasta
276 ºC, en forma de radiación de fondo de microondas. Este es el momento
más antiguo del cual podemos tener datos observacionales, gracias a
esta radiación de fondo. Cualquier cosa que existiera anteriormente
desapareció a causa de la interacción permanente entre materia y
energía. A partir de ahora cada una evolucionará por su lado. Los astros
actuales todavía no existían. Só1o una nube de hidrógeno y helio. Al
principio de esta época tuvo que haber grandes fluctuaciones que
conducirían a la fragmentación del gas y, a la larga, a la formación de
los cúmulos de galaxias y de las zonas vacías entre ellas. Después se
formarían las galaxias y, más tarde, a partir de unos 1.000 millones de
años desde el principio, las primeras estrellas. La luz volvía al
universo y comenzaban a ser visibles las estructuras actuales.
Uno
de los problemas sin resolver en el modelo del Universo en expansión es
si el Universo es abierto o cerrado (esto es, si se expandirá
indefinidamente o se volverá a contraer).
Un intento de resolver
este problema es determinar si la densidad media de la materia en el
Universo es mayor que el valor crítico en el modelo de Friedmann. La
masa de una galaxia se puede medir observando el movimiento de sus
estrellas; multiplicando la masa de cada galaxia por el número de
galaxias se ve que la densidad es sólo del 5 al 10% del valor crítico.
La masa de un cúmulo de galaxias se puede determinar de forma análoga,
midiendo el movimiento de las galaxias que contiene. Al multiplicar esta
masa por el número de cúmulos de galaxias se obtiene una densidad mucho
mayor, que se aproxima al límite crítico que indicaría que el Universo
está cerrado. La diferencia entre estos dos métodos sugiere la presencia
de materia invisible, la llamada materia oscura, dentro de cada cúmulo
pero fuera de las galaxias visibles. Hasta que se comprenda el fenómeno
de la masa oculta, este método de determinar el destino del Universo
será poco convincente.
Como la luz de las galaxias más alejadas
ha estado viajando cientos de miles de años, el Universo se observa como
aparecía en el pasado lejano. Al utilizar nuevos detectores infrarrojos
conocidos como series de gran formato, los astrónomos del Observatorio
Mauna Kea, en Hawaii, han registrado cientos de galaxias, las más
mortecinas jamás observadas, la mayoría de ellas agrupadas a una
distancia de 600.000 años luz. Una anomalía en esta visión del Universo
de hace 600.000 años es que, más que una mezcla de tipos galácticos,
predomina un tipo: una clase de galaxias pequeñas y compactas que
contienen muchas menos estrellas que la Vía Láctea u otras de su clase.
Las jóvenes galaxias espirales y elípticas que se observan en la
actualidad se pueden haber formado por la fusión de fragmentos
galácticos de masa baja, relativamente tarde en la historia del
Universo, mucho después de la Gran Explosión, y pueden representar cada
uno de los estadios en la evolución del Universo.
Muchos de los
trabajos habituales en cosmología teórica se centran en desarrollar una
mejor comprensión de los procesos que deben haber dado lugar a la Gran
Explosión. La teoría inflacionaria, formulada en la década de 1980,
resuelve dificultades importantes en el planteamiento original de Gamow
al incorporar avances recientes en la física de las partículas
elementales. Estas teorías también han conducido a especulaciones tan
osadas como la posibilidad de una infinitud de universos producidos de
acuerdo con el modelo inflacionario. Sin embargo, la mayoría de los
cosmólogos se preocupa más de localizar el paradero de la materia
oscura, mientras que una minoría, encabezada
por el sueco Hannes Alfvén, premio Nobel de Física, mantienen la idea
de que no es la gravedad sino los fenómenos del plasma, la clave para
comprender la estructura y la evolución del Universo.
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